Tu casa “de punta en blanco”

Precioso salón blanco, el suelo de madera cálida, las mesas auxiliares también de madera y los cuadros en tonos pasteles rompen sin estridencia la monotonía. decoapartment.com

Precioso salón blanco, el suelo de madera cálida, las mesas auxiliares también de madera y los cuadros en tonos pasteles rompen sin estridencia la monotonía. decoapartment.com

Durante años la idea del blanco total en la decoración de nuestras casas nos ponía los pelos de punta. Que envejece mal, que cualquier defecto en la pared o en un mueble se ve multiplicado, que si los niños lo ponen perdido y después es muy difícil de quitar las manchas, que… que… que… Y es que  es cierto, es un color delicado, pero no más que los crema o grises muy pálidos. Hoy tenemos muchos acabados anti manchas para tapicerías, los sofás a menudo son desenfundables para poder lavar sus cubiertas, y las pinturas de pared y los papeles pintados son también lavables.

Aceptémoslo, el blanco es el fondo perfecto para destacar nuestros tesoros decorativos, ya que la idea no es todo, absolutamente todo blanco, que sería un aburrimiento, es solo utilizarlo como base en las grandes superficies como paredes, suelos o muebles básicos. El blanco nos lleva al estilo escandinavo tan de moda hoy, pero también es referente de playa y mediterráneo, de shabby chic, de películas futuristas de los años 70, de elegantes ambientes provenzales o de modernos lofts newyorkinos. Como vemos, una gran variedad de estilos.

Tan importante como el tono de blanco que escojamos (sí, hay muchos blancos) son las texturas, ellas aportan interés y rompen la monotonía. Combinado con maderas claras y objetos naturales como cuerda, mimbre, etc, nos da ambientes frescos y juveniles. Si es la base para elegantes muebles de maderas oscuras, estos destacarán y parecerán más lujosos y señoriales. Un pequeño rincón con un grupo de jarrones y diversos adornos blancos sobre una pared de otro color atraerá las miradas. En el dormitorio las sábanas blancas, bien sean sencillas de algodón de buena calidad o tesoros heredados de nuestras abuelas, con encajes hechos a mano e iniciales bordadas, convertirán nuestro sueño en delicioso descanso. El baño es uno de los ambientes que más gana con el blanco. Su luminosidad nos despierta en la mañana, hace más fácil maquillarnos, no importa qué tan pequeño sea, que siempre se verá más amplio y los mármoles y las porcelanas blancas son el sumum de la elegancia. Y qué decir de las cocinas, es imposible abrir una revista de decoración y que no presente una cocina blanca. Los nuevos materiales permiten que podamos mantenerlas impecables sin esfuerzo, si añadimos unas hierbas en macetas bajo la ventana estamos diciéndole al mundo que somos gourmets… o por lo menos lo intentamos. Las ollas de cobre tan tradicionales parecen el último grito de la moda y relucen como joyas, lo mismo pasa con los accesorios de acero inoxidable: brillan más si todo es blanco a su alrededor.

 

Encontrar el equilibrio con tonos tan claros no tiene por qué ser difícil, en los ejemplos que damos el blanco es el color dominante, pero son los otros tonos los que destacan y personalizan las habitaciones. En la primavera y el verano refleja la luz, y hace más fresco el interior de nuestras casas, en otoño y en invierno nos alegra multiplicando la poca luz exterior y dando calidez al ambiente. Atrévete y confía en el blanco.

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